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Comprometidos con el futuro.

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Pasado, presente y futuro (VU 0.5.9) 30/09/11 

por Lic. José María Condomí Alcorta

El presente y el futuro 

Prospectiva viene del latín, “prospicere”, que significa mirar lejos, hacia el horizonte. Si partimos del presente, lo que sucede ahora, en este tiempo, veremos que nuestra vida es, ni más ni menos, una sucesión de presentes, en la que el futuro, en general, siempre “sucederá”. Para el observador, siempre en el presente, los hechos que sucederán en el futuro son contingentes, podrán o no suceder.  

De hecho, la certeza sobre lo que habrá de suceder está asociada al marco temporal  al que nos referimos cuando afirmamos que algo sucederá, sin ninguna duda. Por ejemplo, podemos afirmar con certeza que en algún momento del futuro no se utilizarán los derivados del petróleo como combustible para el transporte por tierra de personas.

Sin embargo, esta misma afirmación resulta contingente, por lo tanto atada a una probabilidad de ocurrencia que varía al establecer marcos temporales de 5, 10, 15, 20 o 30 años. La probabilidad de que dicha afirmación se cumpla en el plazo de 5 años a partir de noviembre de 2010 es muchísimo menor a la de que se transforme en una realidad dentro de 30 años. Debemos destacar, sin embargo, que en ambos casos el enunciado podrá cumplirse o no.  

Esto nos lleva a pensar sobre lo imposible y lo posible, las certezas y las probabilidades de ocurrencia. Si asignamos el cero a la imposibilidad de ocurrencia y el uno a la certeza de ocurrencia, todo lo que no sea imposible o sea de ocurrencia segura, será sólo de ocurrencia probable y estará representado por un valor intermedio entre uno y cero.  

Debemos subrayar (es un ejercicio que todos pueden hacer), que son muy pocas las cosas de las que podamos dar certeza de ocurrencia o también las que son imposibles. Podremos tener una probabilidad de ocurrencia tan elevada que, a los fines prácticos, le daremos la categoría de certeza.

Por el contrario, la probabilidad de ocurrencia puede ser tan pequeña que puede considerársela imposible.  Vamos a ejemplificar lo visto hasta ahora. Si a un observador de agosto de 1969 le hubiéramos preguntado sobre las probabilidades de que para agosto del 2010 hubiera una base lunar habitada, ¿qué creen que hubiese respondido? 

El pasado 

¿Y el pasado? El pasado sucedió, podremos relatarlo, hacer un ejercicio de memoria, buscar testigos y pruebas, pero nuestro relato siempre será incompleto y parcial, sujeto a interpretaciones y valoraciones subjetivas. Los datos podrán ser tabulados, acumulados y analizados, pero siempre la narración del pasado será incompleta.  

Esto es así, no sólo por la incapacidad de percibir la realidad tal cual es, sino también porque resultaría imposible registrar cada uno y todos los aspectos, variables, conductas, imágenes o cualquier otro suceso relacionado con el que fue el presente en algún momento.

Para describirlo, tomaremos sólo los hechos relevantes, aquello que, según nuestro criterio, mejor lo definan.  Así como la sucesión de presentes nos desliza hacia el futuro esa misma sucesión conforma el pasado, permitiéndonos analizar el comportamiento de una determinada variable a lo largo del tiempo.  

Tendencias y proyecciones 

Esas variables analizadas a lo largo del tiempo pasado las llamamos tendencias. Esas tendencias terminan abruptamente en el presente, a partir del cual sólo podremos explorar lo que sucederá en el futuro. Proyectar esas tendencias es una de las formas de hacerlo.  

Debemos advertir que si bien las proyecciones tienen una alta probabilidad de “acertar” en el corto plazo, en la medida que estos plazos se alargan aumenta la probabilidad de que la proyección difiera de la realidad. Al fin de cuentas proyectar una tendencia no es otra cosa que asumir la continuidad del patrón que le dio origen. 

Construir el futuro  

Los seres humanos y los animales comparten un mismo tipo de reacción ante las situaciones que le presenta su entorno: el instinto.

Útiles a unos y otros en una larga serie de situaciones, sin embargo son poco propicias para pensar el futuro. Esto último requiere de una representación mental compleja que sólo los seres humanos pueden hacer.

Pensar el futuro es entonces una actividad que nos caracteriza. El hombre ha tenido durante toda su existencia distintos enfoques sobre el futuro.

En un extremo están quienes han considerado que el futuro “está escrito”.

Si ese fuera el caso, si el futuro estuviera predeterminado, cabría la posibilidad de que alguien fuera capaz de realizar la lectura de ese libro. Así, el futuro podría ser “predicho”. Que el futuro sea predecible, que esté predeterminado, podría indicarnos que no puede ser cambiado: “lo que será, será”. 

Quienes creen en el futuro predeterminado han elaborado formas para enfrentarlo: los que dejan que suceda lo que tenga que suceder, los que se preparan para lo que sucederá en una actitud defensiva y los que, además de prepararse para lo que vendrá, intentan obtener provecho o minimizar los daños de ese futuro. Pareciera que el futuro será más allá de lo que puedan o no hacer. 

Finalmente, están los que creen que el futuro es una consecuencia, total o parcial, de las decisiones que se tomen en el presente. El futuro se construye en el presente. Cada decisión afecta al futuro, cada cambio aunque sea aleatorio lo condiciona, aún el natural devenir de las cosas induce un cambio que, como diría Heráclito, provoca “que nadie se bañe dos veces en el mismo río”.  

Está claro que al no existir el futuro, no podemos describirlo, aunque sí podemos explorarlo, imaginando con nuestro intelecto las distintas alternativas que nos pueda presentar.  

Es más, podemos explorar los distintos futuros que pudieran ocurrir con el propósito de estudiar aquellos que de una forma u otra sean de riesgo para nuestros intereses o, mejor aún, resulten una oportunidad. 

Hasta aquí hemos explorado, sin tomar acción y sin intentar modificar aquellas variables que puedan ser determinantes para alcanzar un futuro que nos sea favorable. 

Si lo hacemos, si nuestro estudio tiene como propósito encaminarnos hacia un futuro mejor mediante acciones concretas en el presente, estamos hablando de prospectiva estratégica. Con esta herramienta no sólo avanzaremos intentando despejar la incertidumbre, midiendo riesgos y oportunidades, sino habremos analizado las acciones que debemos llevar a cabo para alcanzar el futuro objeto que buscamos.  

El estudio de futuros, tan antiguo como el hombre, aún por métodos no rigurosos, encuentra en la Prospectiva Estratégica una herramienta que le permite alcanzar rigor académico y, como consecuencia, se transforma en invalorable a la hora de tomar decisiones o de enfrentar problemas, tanto a nivel corporativo como estatal.  

Toma de decisiones 

Tomar decisiones es una actividad reiterada, frecuente y deseable ya que la posibilidad de decidir hace al grado de libertad que se pueda alcanzar.

Estas decisiones pueden ser intrascendentes o afectar profundamente el futuro del decisor y de la organización que este lidere, pueden tener carácter administrativo o referirse a situaciones de conflicto con terceros, pero en cualquier caso el decisor deberá analizar los antecedentes, el presente y las consecuencias de la decisión a tomar para mejorar las probabilidades de que los resultados de esa decisión sean los deseados. 

Antes que nada, el decisor deberá establecer cuáles son sus objetivos de largo plazo y cuáles las políticas que seguirá para alcanzarlos. Luego deberá planificar qué acciones deberá ejecutar para alcanzar esos objetivos, previendo las contingencias que pudieran dificultarle, impedirle o incluso obligarlo a modificar los objetivos iniciales. 

Por último, deberá ejecutar lo planeado.  

Estos tres niveles, el estratégico-político, el operacional y el táctico-técnico, forman parte indisoluble de la decisión transformada en acción y son sub-sistemas que hacen referencia a una misma situación. Es imperativo alimentar este proceso decisional, en cada uno de sus niveles, con la necesaria información, procesada de tal forma que se transforme en conocimiento útil para el decisor.  

La información del pasado y el presente, transformados en conocimiento, por un análisis en profundidad, permitirá reflexionar sobre el rumbo que pueda tomar el futuro, explorar sus alternativas y posibilidades. Se requiere para ello una herramienta metodológica que aporte rigor al estudio. 

¿Qué es la Prospectiva Estratégica? 

Hace más de 2500 años Creso, rey de Lidia, decidió consultar al oráculo de Delfos sobre si era el momento adecuado para invadir el territorio persa. La respuesta del oráculo habría sido la siguiente: “Creso, si cruzas el río que separa Lidia de Persia, destruirás un gran imperio”. Creso, sin prestar ninguna atención a la ambigüedad de la respuesta, que podía significar dos escenarios futuros totalmente opuesto entre ellos, cruzó el río y el imperio reducido a cenizas fue el suyo. 

El error de Creso -no medir adecuadamente los riesgos de sus acciones, no apreciar correctamente las oportunidades, despreciar las contingencias y creer sólo en el escenario más favorable-  no es infrecuente en nuestros días, casi a diario podemos leer y veer en los medios públicos de información sobre sucesos que nos llevan a la siguiente pregunta: ¿nadie imaginó que esto podría pasar? 

El método prospectivo estratégico resulta en “la” herramienta que permitirá no sólo reducir la incertidumbre que inexorablemente plantea el futuro, además permitirá moldearlo para que, cuando se haga presente, en la medida de lo posible, satisfaga los intereses del decisor.  

El decisor no obtendrá como resultado del análisis prospectivo un panorama de lo que sucederá, un relato más o menos detallado de los hechos que conformarán el presente de aquí a 5 o 50 años.  

En cambio, recibirá un informe de los escenarios que podrían suceder, de los riesgos y oportunidades que cada uno de ellos representan, de cuales sucesos preconfigurarán la ocurrencia de un escenario u otro, para que cuando los sistemas de alarma se disparen el observador disponga de una clara indicación de cuál escenario comienza a destacarse como el más probable.

Asimismo, recibirá una clara indicación de cuales acciones son las que deberá priorizar para mejorar las probabilidades de que el escenario al que desea arribar se cumpla o para evitar la ocurrencia de los escenarios que le son desfavorables. 

El método 

La superabundancia de fuentes y, consecuentemente, de información, es probable que se transforme en el mayor problema que deba enfrentar en la actualidad el analista de futuros.  

Esta saturación informativa suele dificultar a tal punto su análisis que, si no adopta un método para encarar su estudio, se le hará extremadamente difícil obtener un resultado que sea útil al objetivo que busca.  

El método hará honor a su etimología. "Meta" en griego significa “hacia, a lo largo” y "odos", “caminos”. Si nos referimos al método científico, “cientia” significa conocimiento, por lo que podríamos decir que “método científico” es el camino que se dirige hacia el conocimiento.   Por su parte, la Real Academia Española define “método” como “Procedimiento que se sigue en las ciencias para hallar la verdad y enseñarla” y Wikipedia define la misma palabra como “Pauta que permite a los investigadores ir desde el punto A hasta el punto Z con la confianza de obtener un conocimiento válido”.  

En el caso de la prospectiva estratégica, cuyo objetivo no es conocer el futuro sino darle al decisor elementos (conocimiento) para tomar decisiones respecto a las acciones que le permitirán arribar en el futuro a un presente que le sea favorable (planeamiento), el eje metodológico apunta a: 

  • En primer lugar, analizar el conocimiento del pasado y el presente de forma tal de permitir comprender cuáles son las variables que los definen.
  • Basado en el conocimiento obtenido construir los escenarios que servirán de marco, referencia de calidad, analogía y para comparaciones.
  • Establecer qué hechos podrían ocurrir con magnitud suficiente como para afectar las tendencias, alterándolas y en función de esas alteraciones, construir  los escenarios alternativos, con sus riesgos y oportunidades.
  • Definir el “objetivo político-estratégico” a alcanzar, para el todo y para cada variable, y definir las acciones necesarias para hacerlo realidad.   

La prospectiva adopta un “eje metodológico” de siete pasos, definidos con claridad por el Mo. Eduardo Balbi en el Método MEYEP, que le permiten al analista acumular conocimiento, de forma ordenada, para arribar al saber.  

Estos son: 

1er paso:Comprensión del problema y diagnósticos. 
2do paso:Elaboración y selección de variables e indicadores. 
3er paso:Construcción del Escenario Óptimo (ideal y lógico). 
4to paso:Construcción de un Escenario Tendencial y primeros mapas de riesgos y oportunidades. 
5to paso:Elaboración de Escenarios Exploratorios (con segundos mapas de riesgos y oportunidades) e incorporación de hechos portadores de futuro (terceros mapas de riesgos y oportunidades). 
6to paso:Selección del Escenario Apuesta y de las acciones necesarias para lograrlo. 
7mo paso: Diseño de rutas estratégicas y elaboración del plan.

      

Bibliografía: 

  • “En Búsqueda del Destino: una historia de la predicción”. Paul Halperin, Editorial Océano de México S.A., 2008, México D.F.
 
  • “Introducción a la Prospectiva Estratégica”. Eduardo Raúl Balbi,  Red Escenarios y Estrategia, 2009, Buenos Aires Argentina.
 
  • “Un modelo interactivo para la inteligencia y la decisión estratégica”. Dr. Agustín Monteverde.
 
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